amores y universos (is this love, is this love that I am feeling?)

...universos antes expandidos y colapsados, o universos paralelos unidos en la actualidad o en algún momento, o de un universo interminable inflacionario que brota en nuevos universos como en burbujas, o de un universo pulsante que no llega a colapsarse sino que se renueva interminablemente en ciclos como las estaciones del año… En resumen, un maldito lío, un embrollo de proporciones sublimes que lo único que demuestra es que no sabemos casi nada, y que nuestros esfuerzos, los esfuerzos sumados de una legión de las mentes humanas más portentosas, siempre chocan contra los infinitos, contra la pesadilla de las singularidades, que son aquellas fronteras del saber en donde dejan de funcionar las leyes físicas y matemáticas y todas las herramientas científicas que poseemos. (Rosa Montero, El fragor del universo y los imbéciles, El País, 10 de mayo 2015).

Leí este artículo de Rosa Montero, y si bien el comentario es en alusión a un libro sobre el universo, a mi me pareció que bien pudiera estar reflexionando sobre el  amor, sobre las vicisitudes del amor.

Qué es al final el amor? Esta pregunta está más difícil que preguntarse qué es el arte, en realidad no la pregunta, lo difícil es la respuesta.

A veces el amor es “un maldito lío, un embrollo de proporciones sublimes” donde “dejan de funcionar las leyes físicas y matemáticas” y si acaso prevalecen la química y la biología y el lenguaje. Y cuando este se acaba es como si al final no supiésemos nada o casi nada, y cuando intentamos comprenderlo chocamos “contra los infinitos, contra la pesadilla de las singularidades”.

Cuando el amor nos llega, o nosotros le llegamos, entramos en un universo de dos (usualmente de dos) y con el transcurrir del amor este universo se expande y colapsa, o a veces nos toca transitar en “universos paralelos unidos en la actualidad o en algún momento”. Otras veces ese “universo es interminable e inflacionario y  brota en nuevos universos como en burbujas”.  O es un “universo pulsante que no llega a colapsarse sino que se renueva interminablemente en ciclos como las estaciones del año.”

Expansiones, pulsaciones, uniones, colapsos, ciclos.

Pienso en el cerebro, a pesar de que sintamos el amor en el corazón, son el cerebro y sus sinapsis, las hormonas y su química los responsables de que el día se nos ilumine con su sonrisa, o queramos literalmente fundirnos en su abrazo. Y por sobre todo queramos ser parte indivisible de ese universo de dos, en la medida que ese universo dure, aunque como bien sabemos el tiempo es relativo.

Pienso en el corazón, a pesar del cerebro y las hormonas y su química. El corazón se expande, colapsa, late a capricho de lo que el otro hace o deja de hacer. El corazón se renueva, florece, reverdece, se marchita, hiberna, así como las estaciones. Se parte en partículas de tristeza, se encoje, se frunce, se pulveriza cuando hay uno que se va.

Pienso en los ciclos, a pesar de lo relativo del tiempo, en los ciclos de un amor en sí y en los ciclos de nuestra vida donde el amor nos sorprende, porque el amor siempre nos sorprende. Y por eso nos cautiva, pero también asusta,  porque esa sorpresa nos encuentra desprevenidos, desnudos, como bebes recién descubriendo el mundo. Aprendemos a dar los primeros pasos de la mano de su mirada. Y cada vez es así, un amor no nos prepara para el siguiente, y los primeros pasos siempre serán inseguros, tanteantes y expectantes.

Pienso en el deleite, a pesar del miedo, y pienso en la sonrisa a modo de escudo cuando entramos desnudos y vulnerables al universo de dos, hasta ser tragados por un hoyo negro o convertirnos en el reflejo de una explosión extinguida hace ya millones de años.







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