2015!

Generalmente los recuentos  se hacen ya cerca o pasado el 31 de diciembre, pero creo que yo casi que puedo cerrar mi año esta segunda semana de noviembre.

No sé aun que pensar del 2015, en todo caso ha sido como un vendaval que pasó volando y me dejó con toda la vida cambiada. Ha sido bueno, en realidad muy bueno, pero frenético. Y espero tener la tranquilidad en el 2016 para digerir e incluso disfrutar desde la estabilidad los cambios que se han producido.

Este año me operaron de un tumor que al final y por suerte resultó ser benigno y me dejó una delgada linea en el cuello que ya hasta me gusta, me salió un trabajo mucho mejor que el que tenía antes y me cambié de ciudad, me publicaron un libro con mis dibujos, y ayer defendí la tesis de una maestría que hice hace 19 años, así que termino este año siendo oficialmente Maestra en Artes Visuales.

Hice la maestría del 94 al 96 en la Academia de San Carlos, la unidad de posgrado de Artes Visuales de la UNAM de México, por motivos que no voy a contar ahora no hice la tesis y la fui dejando pasar hasta que hace año y medio me decidí a hacerla. Por varias razones: en Alemania los titulo son extremadamente importantes y si bien aquí cualquiera tiene una maestría, me sirve y es mejor tenerla a solamente la licenciatura. También quise hacer la tesis para cerrar un ciclo, y no dejar cabos sueltos. Sobre todo por este último motivo. A ratos me da un poco de vergüenza decir que pasaron 19 años para tener el titulo de maestría, pero por otro me siento un poquito orgullosa de mi porque al final lo hice.

Cuando tomé la decisión de hacerla, vi también que era necesario que la tesis me sirva a mi, como un espacio para reflexionar, que me aportara algo como persona. Y al final así fue, hacer la tesis me dio mucho para repensarme. Hay dos personas que han sido claves en el proceso de hacerla, mi tutor, Julio Chávez Guerrero, y mi amigo Pedro Albornoz. El apoyo, confianza, y comentarios certeros de ambos han sido invaluables y gracias a ellos pude finalizar este proceso. Así mismo María Alejandra Valenzuela de la Academia de San Carlos quien se encargo de todos los tramites.

Defendí la tesis en día 9 de noviembre en la Embajada de México en Berlín, sé que fue un buen examen, pero ahora lo tengo todo un poco borroso. Que haya sido en Berlín creo que ha sido por demás de significativo, pues fue cerrar un ciclo dentro de otro que también se cierra (Berlín). Fue un examen que hice con mucha emoción pues fue ver a mis maestros 19 años después via skype. Todos estamos un poco más canosos, pero mientras hacía la presentación y luego escuchaba sus preguntas, sentí que no había pasado el tiempo; aunque yo soy en cierta forma otra, diferente, que aquella que llegó a México el año 94.

Mi maestra de grabado María Eugenia Quintanilla observó que los últimos dibujos que estoy haciendo, estos más íntimos de los diálogos de él y ella, o de las “melancolías” le hacían recordar a los grabados que yo hacía cuando hice la maestría en su taller. Yo no lo había pensado, pero en ese momento vi clarísimo a lo que ella se refería. Y la relación entre ambas obras con 20 años de diferencia es que he vuelto a mi esencia. Cuando hacía esos grabados, los hacía con un enorme gozo y me salían desde un lugar muy honesto, y mis dibujos de ahora salen del mismo lugar y con el mismo gozo. 20 años después puedo volver a ser completamente, enteramente yo.

Después de este año ya no hago planes, bueno hace un tiempo que no planifico, pero este año me sorprendió de tal forma que me confirma que no tiene sentido hacer mayores planes. Metas tampoco tengo, es decir a largo plazo, por lo pronto quiero establecerme en mi nueva ciudad, disfrutar de los alrededores, dibujar, hacer otro o un par de libros de dibujos si se puede. Disfrutar de mi trabajo. Estar sana, dejar de preocuparme por cosas que no importan, reír y respirar. Dar largos paseos con Axel y Fermín. Dormir cada noche profundamente y con la conciencia en paz. Todo eso y nada más, en la medida en que se pueda.



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