Cosas que pasan en el sauna

El domingo pasado fui al gimnasio, al cual voy hace casi ya 4 años. A veces voy al sauna que está en las instalaciones del mismo, y ese domingo decidí meterme un rato en el sauna.

Los saunas en Alemania son mixtos y la ropa está prohibida, hay carteles a la entrada donde se dice claramente que no se puede entrar con ninguna prenda textil. Lo cual me parece bien y me gusta la naturalidad con que se lleva la desnudez.

Al sauna del gimnasio se accede desde las duchas (estas si están separadas para hombres y mujeres), en ellas hay una puerta donde uno ingresa a una sala de estar (Ruheraum) y de esta sala se accede al sauna mismo. Así mismo esta sala da a un patio donde también hay reposeras para descansar. Hay dos saunas, una seca y una de vapor. Ese día había muy poca gente, dos señores que estaban en el patio y otro señor en la sala de estar. Me fui directamente al sauna de vapor, que estaba vacía y ahí me quede unos 10 minutos, luego me di una ducha helada en las duchas que hay afuera y volví a entrar 5 minutos más y luego atravesé la sala de estar y entré a las duchas para mujeres.

Apenas había cerrado la puerta de las duchas tras de mi, escuché que alguien golpea a la puerta desde el lado de la sala de estar del sauna. Mi primera reacción fue pensar que había cometido algún error como dejar la puerta del sauna abierta o algo así. Abro la puerta (a todo esto yo estaba desnuda, ya que acababa de salir del sauna y me disponía a ducharme) y veo a un hombre, el cual me imagino sería africano, de unos 35 o 40 años, envuelto en una toalla azul. Yo ya lo había visto brevemente cuando estaba en el gimnasio, ya que él también estaba entrenando. Él muy serio y de forma muy educada me pregunta si tengo un minuto. Como era obvio que él era extranjero, pensé que habría alguna cosa del sauna que no entendía o algo así, así que le dije sí  y entonces él me dice con la misma seriedad: “usted me gusta mucho”. Cómo sería mi cara que inmediatamente me dice, “un momento, un momento por favor” y yo solamente atiné a contestarle “ esto no puede ser!" Y le cerré la puerta.

Mi primera reacción fue ofenderme, luego que se me paso la sorpresa. Sorpresa porque creo que ningún hombre alemán se atrevería a decir algo así y menos en el sauna. Ofendida porque mi primera reacción fue acordarme de los hombres latinos quienes muchos se sienten con la libertad de decirle a una cualquier cosa. Claramente para mi este hombre se había pasado de la raya al decirme algo así y encima en ese contexto.

Después de un rato la situación me pareció casi surreal, absurda y hasta chistosa (yo desnuda en la puerta de las duchas, él al otro lado de la puerta envuelto en un toalla). Luego me pregunté si este hecho clasifica como acoso sexual, de ser así él se exponía a que yo lo denuncie en la oficina del gimnasio. Luego pensé que él tal vez pensó que yo cerré la puerta porque soy racista, y hasta casi que me dio pena. Y luego por ultimo pensé que las relaciones entre dos personas están a veces tan dañadas desde un inicio por tantos antecedentes donde el hombre es siempre el agresor.

No tengo idea qué es lo que realmente este hombre quería: aprovecharse de la situación, hacerse el vivo, probar a ver si le surtía algo, o de verdad pensó que era la única oportunidad que tenía de hablarme a pesar del lugar; en todo caso me hizo pensar mucho en la forma en que las personas nos relacionamos.

Cuando llegué a casa le conté a  A. lo que había pasado a modo de anécdota y las reflexiones que esto me trajo a la mente. Nos reímos de mi respuesta de “esto no puede ser” (de ahí el dibujo del budín) y A. me dijo que quizás debí decirle “gracias, pero estoy casada”. Luego A. me dio un libro del autor suizo Peter Biechsel, donde en uno de los ensayos del libro él reflexiona sobre un incidente donde va en bicicleta por un sendero en el bosque y ve que por el mismo sendero se acerca una mujer caminando. Cuando la mujer lo ve, él sabe que la mujer tiene miedo y él se pregunta que hacer. Hablarle y decirle que no tenga miedo, no, eso sería peor. Alentar la marcha, apurar la marcha, ambas cosas serían sospechosas. En ese momento él se da cuenta de que haga lo que haga está mal, la mujer igual tendría miedo por el hecho de que él es un hombre y ella una mujer sola en un sendero en el bosque. Ante esta situación Biechsel se avergüenza de ser hombre. Para una mujer muchas veces un hombre desconocido es una amenaza.

No me sentí amenazada por el hombre del sauna (suena extraño y quizás hasta ridículo, pero en su voz había mucho respeto). Quizás debí sentirme amenazada? Una situación así, es siempre una amenaza? En un primer momento sí me molestó su atrevimiento. Hay una parte de mi que cree que lo que él hizo esta totalmente fuera de línea, otra parte de mi se pregunta porque no podemos darnos los seres humanos la libertad de decirle a quien nos gusta que nos gusta y hay otra parte de mi (y esto es creo inevitable) que se siente un poquito halagada de que a mis 46 años me digan “usted me gusta mucho”.

Muchas veces me pregunto donde están los limites cuando nos relacionamos o intentamos relacionarnos con alguien. Una vez con una amiga hablábamos de que al llegar a Alemania es un alivio salir a la calle como a una le de la gana y que nadie te mire ni te diga nada. Pero nada de nada. Y después de un tiempo esta exacerbada indiferencia se siente y una comienza a extrañar que alguien nos mire mas o menos bonito. Imagino que los límites son muy personales y subjetivos y serán hasta donde las partes involucradas se sientan cómodas o no.

En todo caso con A. las frases “usted me gusta mucho” y “esto no puede ser” nos hacen reír cada tanto convirtiéndose en una especie de chiste privado. Y de ahí el dibujo del budín.






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