saltar, cada 7 años

Supongo que me estoy volviendo vieja, que hay cosas que vienen solamente con la edad.
Llegué hace 7 años a Berlín y en unos pocos meses dejaré Berlín, y esto me esta costando más de lo que pensé.

He vivido en 6 países y cada mudanza marcó una etapa de mi vida. Sin embargo nunca pensé mucho a la hora de estos cambios, simplemente los hice y ya. El ultimo de estos, cuando me vine a Berlín, también fue decidido sin medir realmente las consecuencias, y porque esta fue una mudanza que hice ya con 39 años, fue la más difícil hasta ahora.
En este blog escribí mucho al respecto, de hecho buena parte del blog es sobre mi proceso de adaptación a este país, a esta ciudad más bien dicho. Y ahora 7 años después me toca irme. Y ni siquiera es un cambio tan grande, son apenas 339 km y me voy en condiciones muy distintas a aquellas de cuando llegué a Alemania: hablo el idioma, tengo la nacionalidad, experiencia de trabajo, y voy ahora a un trabajo que hace unos años no lo hubiese ni soñado.

Hay un libro de Joan Borysenko “ A woman´s book of life” donde analiza los ciclos de vida en periodos de 7 años. Cuando terminé la licenciatura en Argentina, donde estuve 7 años, uno de mis profesores, comentando sobre el desarrollo de mi obra y de mi misma, mencionó también esto de los 7 años, de que cada 7 años cambiamos de piel, y que el 7 es un numero místico. Aparentemente el numero 7 tiene muchos significados en diferentes culturas. Yo no tengo ni idea de numerología y esas cosas, pero revisando mi biografía, sí se han producido cambios significativos en intervalos de más o menos 7 años. De ahí que he terminado creyendo en esto del numero 7.

Y ahora este nuevo cambio, al cabo de 7 años, me cuesta. A pesar de que Berlín nunca fue una ciudad que me robó el corazón, estoy cómoda. Estoy acostumbrada a Berlín. Tengo mi rutina, mi barrio, mi calle. La tiendita preferida, los cafecitos del barrio, mi gimnasio, mi dpto. que lo hemos armado de a poco ( y ahora habrá que desarmarlo). Y sobre todo mis amigas, amistades bellas que valoro mucho. Y por primera vez tengo un poco de miedo ante uno de estos cambios. Y cada día me pregunto si esta ha sido la decisión correcta (la de haber aplicado a este nuevo trabajo). A todas luces es la decisión correcta, pero el miedito ante lo nuevo esta ahí. Antes nunca tuve miedo a lo nuevo, me lanzaba así con la ligereza que se tiene cuando uno es más joven. Cuando recibí la noticia de que había recibido este trabajo me dio fiebre, y nauseas, y escalofríos. Y ahora hace una semana que me agarró un virus de aquellos, que me dejó sin voz. Todo psicosomático creo yo.

Me siento hasta un poco ridícula en escribir sobre esto. Se que no tengo de que quejarme, y no me quejo. Simplemente me sorprendo de los miedos y las incertidumbres que me atacan cada día. Hace poco un amigo me hizo recuerdo de esa historia de la rana y el agua hirviendo. Yo ya estaba cómoda en esta tina de agua tibia en Berlín, y ahora me toca saltar fuera de la olla. Y por otro lado sé, bueno tengo la sensación, de que en un par de años tocará saltar de la olla otra vez.



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