Buenos Aires...

Cuando viví en la Argentina, hace más de 20 años, debo reconocer que nunca fui muy fan de Buenos Aires. Yo vivía en La Plata y Buenos Aires me parecía una ciudad fría, casi inhóspita, las veces que iba a Buenos Aires, a pesar de ir con gente, me sentía tremendamente sola.

Hoy vuelvo a Buenos Aires después de más de 20 años y estoy disfrutando ésta ciudad. Me fui en bus de Plaza Italia hasta Ciudad Universitaria, y desde la ventana del bus la ciudad me pareció linda, con sus arboles en la Av. Libertador, la costanera con gente pescando, parques, cafés, pizzerias con meseros que están desde hace mil años ejerciendo su oficio. Cuando subí al bus, no tenia la tarjeta “suba” solamente monedas, y como ya no es habitual pagar con monedas, le explique al chofer que no tenía la tarjeta porque acababa de llegar y me dejó entrar al bus sin pagar, “dale, andá, andá” me dijo y me sonrió. Antes de eso había entrado a una pizzería en una esquina, de esas poco glamorosas, baratas, donde no van los turistas, y me pedí solamente un fainá y un jugo de naranja recién exprimido y ese almuerzo me supo a gloria.

Antes de ayer en la noche, después de cenar me senté en un bar de esquina, a mirar la gente pasar, en la esquina de enfrente la gente miraba el futbol aglomerada en un kiosko; se había ido la luz y todos se fueron tras la tele del kiosko, ver a la gente reaccionar con los goles, putear cuando algún jugador (Boca vs. Paraguay)  falló, el taxista que se para en la esquina para poder mirar, los buses que pasan.  Todos hablando castellano, desordenados, sin contenciones,  y era una de esas noches de casi 30 grados pero con brisa. Y esta vez,  por primera vez, debo decir que me sentí en casa en Buenos Aires. Tuvieron que pasar 20 y tantos años e irme lejos, para sentirla cerca.

No voy a ir a los teatros, ni a los nuevos malls; (teatros, conciertos, eso lo tiene Berlín) no, yo quiero sentarme cada noche en una esquina de un bar de barrio y ver a la gente pasar, escuchar el ruido, aspirar el aire, aunque este no sea puro. Todo aquello que no es Berlín (Berlín tiene otras cosas) y que el sur sí lo es. Sé también que si vivera acá,  estas cosas que disfruto por el momento, me terminarian sacando de quicio, el ruido, el caos, la informalidad. Por el momento es un antídoto al extremo orden que domina mi vida en Berlín.

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