La mujer con el corazón en un tarro
La frase del titulo la usó mi siamés P. para describir una serie de dibujos que hice hace poco en un taller de ilustración en Italia.
La historia de esta serie parte de un ejercicio de ilustración basado en Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino. Resumiendo, en un enjambre de andamios hay una mujer que los habita, en otro lugar, más lejano de esa estructura hay un tarro de vidrio con un corazón dentro, solamente cuando la mujer se despoja de todo, salta y recobra su corazón del tarro, el andamiaje/ciudad fluye. La serie se puede ver aquí.
Después que hice los dibujos me di cuenta que la mujer con el corazón en un tarro soy yo. Yo soy la que necesito despojarme, saltar y recuperar mi corazón.
Cuando me refiero a saltar o a esta imagen de saltar y recuperar el corazón tiene que ver con una necesidad de recuperar una parte de mí que me hacia muy feliz y que en Italia durante el curso volví a sentir. La posibilidad de dibujar, de crear, de sentirme creativa otra vez, creo que esa semana en Italia ha sido una de las más felices en términos de aquello que es solamente mio. Allí me di cuenta de que ya se que es lo que quiero hacer, que es lo que me hace feliz.
Regresé de ese curso con ideas, de series que quiero dibujar, de historias gráficas que quiero crear, y sin embargo llego aquí, a mi rutina y no hago nada. La imagen que tengo es la de una membrana elástica, que me tiene pegada a esa estructura (andamiaje que yo misma me he construido), y esa membrana que me ata, no me deja saltar. Y no se por qué. No se qué es lo que me paraliza. No es flojera, porque no creo ser una persona floja (aunque disfruto de no hacer nada también de vez en cuando). No se si es miedo. Puedo ponerme a dibujar, pero si tengo que comenzar a pensar estratégicamente respecto a los dibujos, cómo armar la serie, cómo continuar, a quién mostrársela, cómo publicar etc, etc. no muevo un dedo. Y sigo sin saber qué me detiene.
Hace días que por un lado tengo un nudo de tristeza en el pecho, porque sabiendo que es lo que me hace feliz, no hago nada para ir por ello. Por otro lado, además de ese nudo de tristeza siento algo en ebullición, algo que tiene que salir. Quizás todo esto sea bueno. No me puedo quejar de mi trabajo (empleo) pero cada día que pasa siento que me apago un poco, ni siquiera es que quiera dejar este trabajo, pero necesito poder darle prioridad a eso otro creativo que bulle dentro mio. Leí hace poco que la creatividad no expresada se refleja en dolores en la espalda y la cadera, y ahí estoy yo, a pesar del gimnasio, pilates, vida sana y demás.
Algunos viernes le compro papas a un hombre quien tiene un puesto de papas en un mercado callejero. Tiene muchas variedades y algunas no se encuentran en los supermercados. Él es muy agradable y se le nota por como habla, por su sonrisa, por como se mueve, que es feliz con sus papas. Se le nota la pasión por lo que hace. Eso siempre se nota. Conozco a otro hombre, corredor de seguros, alguien se puede imaginar una profesión más aburrida que esa? A este hombre su trabajo le apasiona, y se nota que no es por el dinero, o lo que pueda ganar, simplemente hace su trabajo con gusto y ganas. La veterinaria de Fermin y otra veterinaria especializada en perros mayores, ambas igual de apasionadas con lo que hacen. Conozco artistas, quienes al margen de la obra que hagan, no se rinden, y a pesar de que tengan que hacer otros trabajos para ganarse la vida, lo siguen intentado. La tristeza mía es porque en algún momento yo deje de intentarlo. Y como si ahora ya no supiera ni por donde empezar.
El dibujo de hoy, no es de los de Italia, pero si es de la misma serie, la cuál quiero ir completando, rellenado huecos en esa historia. Por hoy me siento así, envuelta en la sabana, sin atreverme a salir de mi capsula.
La historia de esta serie parte de un ejercicio de ilustración basado en Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino. Resumiendo, en un enjambre de andamios hay una mujer que los habita, en otro lugar, más lejano de esa estructura hay un tarro de vidrio con un corazón dentro, solamente cuando la mujer se despoja de todo, salta y recobra su corazón del tarro, el andamiaje/ciudad fluye. La serie se puede ver aquí.
Después que hice los dibujos me di cuenta que la mujer con el corazón en un tarro soy yo. Yo soy la que necesito despojarme, saltar y recuperar mi corazón.
Cuando me refiero a saltar o a esta imagen de saltar y recuperar el corazón tiene que ver con una necesidad de recuperar una parte de mí que me hacia muy feliz y que en Italia durante el curso volví a sentir. La posibilidad de dibujar, de crear, de sentirme creativa otra vez, creo que esa semana en Italia ha sido una de las más felices en términos de aquello que es solamente mio. Allí me di cuenta de que ya se que es lo que quiero hacer, que es lo que me hace feliz.
Regresé de ese curso con ideas, de series que quiero dibujar, de historias gráficas que quiero crear, y sin embargo llego aquí, a mi rutina y no hago nada. La imagen que tengo es la de una membrana elástica, que me tiene pegada a esa estructura (andamiaje que yo misma me he construido), y esa membrana que me ata, no me deja saltar. Y no se por qué. No se qué es lo que me paraliza. No es flojera, porque no creo ser una persona floja (aunque disfruto de no hacer nada también de vez en cuando). No se si es miedo. Puedo ponerme a dibujar, pero si tengo que comenzar a pensar estratégicamente respecto a los dibujos, cómo armar la serie, cómo continuar, a quién mostrársela, cómo publicar etc, etc. no muevo un dedo. Y sigo sin saber qué me detiene.
Hace días que por un lado tengo un nudo de tristeza en el pecho, porque sabiendo que es lo que me hace feliz, no hago nada para ir por ello. Por otro lado, además de ese nudo de tristeza siento algo en ebullición, algo que tiene que salir. Quizás todo esto sea bueno. No me puedo quejar de mi trabajo (empleo) pero cada día que pasa siento que me apago un poco, ni siquiera es que quiera dejar este trabajo, pero necesito poder darle prioridad a eso otro creativo que bulle dentro mio. Leí hace poco que la creatividad no expresada se refleja en dolores en la espalda y la cadera, y ahí estoy yo, a pesar del gimnasio, pilates, vida sana y demás.
Algunos viernes le compro papas a un hombre quien tiene un puesto de papas en un mercado callejero. Tiene muchas variedades y algunas no se encuentran en los supermercados. Él es muy agradable y se le nota por como habla, por su sonrisa, por como se mueve, que es feliz con sus papas. Se le nota la pasión por lo que hace. Eso siempre se nota. Conozco a otro hombre, corredor de seguros, alguien se puede imaginar una profesión más aburrida que esa? A este hombre su trabajo le apasiona, y se nota que no es por el dinero, o lo que pueda ganar, simplemente hace su trabajo con gusto y ganas. La veterinaria de Fermin y otra veterinaria especializada en perros mayores, ambas igual de apasionadas con lo que hacen. Conozco artistas, quienes al margen de la obra que hagan, no se rinden, y a pesar de que tengan que hacer otros trabajos para ganarse la vida, lo siguen intentado. La tristeza mía es porque en algún momento yo deje de intentarlo. Y como si ahora ya no supiera ni por donde empezar.
El dibujo de hoy, no es de los de Italia, pero si es de la misma serie, la cuál quiero ir completando, rellenado huecos en esa historia. Por hoy me siento así, envuelta en la sabana, sin atreverme a salir de mi capsula.

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